PRENSA



Juan Jiménez ilustró el libro “Cuentos dedicados” de Julia Sáez-Angulo.

El poeta y escritor Rogelio Sánchez Molero al presentar la obra en la Casa de Galicia en Madrid, hizo una referencia a las ilustraciones de Juan Jiménez, en estos términos:


“El libro, además de los relatos, está muy acertadamente ILUSTRADO POR JUAN JIMÉNEZ.

Veinte dibujos que responden con precisión al cuento que ilustran. Realizados unas veces con trazos sencillos, casi etéreos, para insinuar la ternura de los protagonista, así lo vemos en el dibujo que ilustra el cuento “La ondina del pantano”. En otras son trazos contundentes, con la robustez de un viejo templo normando, por ejemplo en el relato ”Golpes sobre el tejado”; o con la fuerza que sugiere la imagen marcial de un maltratador, como observarán en el titulado “Carmen la seducida”.

Pero en todos los casos se trata de dibujos que resumen de forma visual el texto que uno acaba de leer.”






“La Gran Mascarada ¿Quién es quién?. Retratos con mascarilla”

Decimos “mascarilla” creemos que como diminutivo de “máscara”, pero se nos antojan tan diferentes que ni siquiera los sinónimos vienen a ser los mismos… Como tampoco lo son los sentidos figurados que, desde antiguo, han venido adquiriendo nuestros vocablos… Pues “antifaz”, “careta” y -en su caso- “excusa”, “pretexto” o “disimulo”, no se igualan a “cubreboca”, “tapabocas”, “barbijo” – que, tan bello y acendrado, casi casi se nos hace el barbuquejo de un sombrero…- o, más laboratorial, si así vale- “nasobuco”… No, no es lo mismo. Podríamos buscar, si hiciesen al caso, “camuj”, “carátula”, “embozo” o “rebozo” o “rebocillo”, “carantamaula” … qué sé yo, y adjudicarle a cada uno su preciso lugar lógico, etimológico, semántico, sentimental creo que también, sí; sentimental, que es lo que hace uno cuando recupera una prenda antigua o un término en desuso. Y respiraríamos, si pudiésemos, si nos dejasen…

Ahora todos nos hemos puesto mascarilla, o –para ser más exactos – nos la han puesto, o nos la han impuesto… los virus, las circunstancias, tampoco sabemos muy bien qué ni quién porque también van embozados, aunque con el poco estilo de los embozos de hogaño.

Nos hemos dado cuenta de que nos cuesta incluso reconocernos los unos a los otros, tapadas que están nuestras risas, nuestras sonrisas, en las caras y en los espíritus. Y de que nos reconocemos a nosotros mismos solamente volviéndonos hacia dentro, reencontrándonos con un alma a la que no siempre prestamos la atención debida. Sí, y levantamos los ojos, a veces para reír, a veces para lamentarnos, a veces para soñar en voz alta, otras precisamente para dejar soñar, quién sabe lo que cada alma necesita en cada momento de soledad y aislamiento.

Juan Jiménez no se despeina – y no porque carezca de cabellera, sino porque no pierde su aplomo castizo- ni con mascarilla. Es un maestro de la línea, un creador de trazos y sentires, y – pintor de paisajes, desnudos, animalejos y otros suspiros– descubre que el alma se refleja en los ojos y no importa –como diría alguien con su estilo– que no se vean las morisquetas… porque lo que habla, en realidad, son las miradas, esas que devuelven lo que las almas cargan, soportan y, tantas veces, arrastran.

Descubrir quién es quién detrás de un rostro cuasi velado no es difícil porque el trazo de Juan logra retratar la chispa de alma que reflejan los mirares, las visiones de otras almas, la empatía que no podemos percibir en el gesto completo de un rostro del que nos hurtan los hoyuelos y el gracejo, el encogimiento del duelo, la expresión de la pena, la mueca del cansancio, los visajes de la contrariedad…

Una mascarada es un festín, “un festín o sarao de personas enmascaradas” como también es “una comparsa de máscaras”. Y un festín es esta galería de retratos que nos regala Juan, captando chispas de almas que se cuelan por las rendijas para salir al aire y respirar lo que se pueda. Y también es “una farsa”, una “acción realizada para fingir”. Aunque ahora, precisamente ahora, las almas nos mostramos como somos –más o menos amables, más o menos bruscas, depende de cada una, o de la hora del día, quién lo sabe- ya no nos interesa ni disimular, ni fingir, ni aparentar lo que no somos, nos conformamos con ser, o eso pensamos. A la farsa se nos lleva tal como se nos impone la mordaza, no vamos por jolgorio o divertimento, no, esta vez no. Por eso Juan Jiménez consigue retratarnos así, con la sonrisa o la tristeza que traducen nuestros ojos…

¿A que en un recorrido por esta galería de personajes somos capaces de reconocer a casi todos los que conocemos de algo o, por lo menos, reconocer algún destello del alma de los que desconocemos?

Nos reencontramos, los unos a los otros y a nosotros mismos. Y Juan Jiménez retrata nuestra propia conciencia, una autoconciencia recobrada. Absolutamente desenmascarados.


María Tecla Portela Carreiro, (escritora, poetisa y periodista). 2021






La creación artística es un gozo. Un proceso íntimamente espiritual, relacionado con los sentimientos sublimes del ser humano como máxima aristotélica, que provoca deleite en quienes la aprecian. La producción artística de Juan Jiménez (Madrid, 1942) viene a esclarecer el misterio del arte en manos que hechizan la creación.

Sus piezas transpiran una comunión entre idea, oficio y espiritualidad. Paisajes, desnudos, tauromaquias, santos, casi todo lo que vemos, despierta en el artista, extrañas resonancias. Jiménez pinta, vuelve a pintar, dibuja y dibuja. Fuera de corrientes preestablecidas y de modas, recrea el microcosmos que le rodea, con un virtuosismo sin igual.
El artista ama la plástica total, la sugerencia de las formas que van apareciendo en sus piezas; comienza su labor manchando el soporte con gamas de colores y revela formas diversas, como si se estableciera un juego interactivo con el espectador.

Con una excelente capacidad de observación y talento innato, atesora una excepcional trayectoria artística donde se destacan las múltiples exposiciones individuales realizadas. Entre ellas: “Fraternidades” en el Instituto Cervantes de Marrakech (Marruecos, 2013), “Toros en el Casino” (Madrid, 2013), “Dos santos portugueses” (Madrid, 2013), “La fiesta de los toros” (Guadalajara, 2013), “A beleza do nu” (Lisboa, Portugal, 2011), “Toros y paisajes” (Soria, 2010), “Portugal aquí al lado” (Madrid, 2009), “Arco, Lisboa-Madrid” (Madrid, 2009). Jiménez ha recibido varios premios, tales como: Medalla de Bronce de la EPI Convento de Mafra, Portugal, 2007; Medalla de Bronce en Acuarela XIV Salón Internacional, Maraussan, 2006; Diploma de Honor XIII Salón Internacional Maraussan, 2005; Medalla de Bronce en Gouache en el Salon Art et Vin en Boujan-Sur-Libron, 2005, entre otros.

En los desnudos, la línea curva perfila, recrea, dibuja, describe, evoca, serpentea, con una extraordinaria economía de recursos plásticos y visuales. Una línea rápida y firme que puede cambiar el dinamismo del trazo, generando un gesto audaz y delicado a la vez. Solo unos pocos trazos y manchas de color son suficientes para desbordar sensualidad y evocar la belleza del cuerpo femenino, para transmitirnos la atmósfera de cada pieza. Podríamos decir que se percibe una conjunción de música y silencios.

Juan es particularmente virtuoso en los paisajes, al seleccionar una esquina, una calle, los techos, edificios, escaleras, vitrinas, farolas, puentes, detalles evocadores de su vida, de su andar por su ciudad, de su Madrid. Se imbrica magistralmente lo lineal y lo colorístico. Con trazos ágiles y seguros retrata esos fragmentos de la ciudad de manera inigualable. La composición y los encuadres son magistrales, espectaculares; ambientes tranquilos, serenos, sosegados, en fin, evocadores. Es impresionante la sugerencia de las formas que van apareciendo en sus piezas donde la técnica es perfecta.

Jiménez ha logrado imponer su sello personal en cada entrega. Establece un diálogo con el espectador mediante el cual le sugiere apreciar, dinamizar la observación, entrar en complicidad y convertirse en un co-creador de sus obras. Estas creaciones que propone nos adentran en la espiritualidad del autor y vamos a su encuentro.

Nadia Chaviano Rodríguez, (catedrática y crítica de arte). 2016






...El dibujo preciso y la acertada elección del color hace del obra de Juan Jiménez algo más que una obra para recordar y añorar. Su colorido es valiente, de tonalidades densas y sólidas, a base de acertados contrastes...

Sol García-Conde, (crítico de arte)





...La técnica gouache permite una gran luminosidad en los colores y, a diferencia de la acuarela, empastar el blanco para obtener, de él, toda una bellísima gama de matices estructurales. Juan Jiménez lo emplea en toda su dominante potencialidad figurativa, como base para construir esas franjas de luz que, en pintura, crean, sobre las planas superficie del papel o tela, el milagro vital de los volúmenes con la trascendencia existencial de una palpitación echa de humanidad, de inspiración recreadora, ¡de arte! Excepcional dibujante, en la exposición tiene desnudos, trazados con la sutilidad de la línea continua, que son un prodigio de precisión y de belleza, su pincelada, amplia, vá recreando, con el moldeador cromatismo de sus colores, la realidad que va enfocando la entrañable singularidad de su óptica...

Basilio Gassent, (periodista y crítico de arte)







...Si alguna tendencia -para mejor información- tuviera que aplicarse a sus pinturas sería la de un postimpresionismo en el que continuarán las ideas de captar la luz sobre las cosas, sobre las superficies aunque con unas maneras que no ocultan el dibujo y no transfiguran las formas… Jiménez hace revivir lo que otra mirada rápida y superficial apenas capta...Jiménez escoge la circunstancia, que tiene otra categoría porque ahí se funden la humanidad de lo que desentraña, la vitalidad que tuvo y permanece...

Elena Flores, (crítico de arte)







...En los dibujos firmes y rápidos, el cuerpo humano se resume en líneas esenciales, nunca en personales caracteres. Juan Jiménez podría trabajar el retrato, pero eso supondría un esfuerzo de comunicación al que no está dispuesto...

Carlos Gómez Amat, (crítico musical)







...Juan Jiménez es pintor madrileño que destaca por su dibujo virtuoso lleno de fragancias esbelto de líneas seguras y sabias a la hora de componer figuras… Su ejecución perfeccionista da una gran dignidad y valía a su obra.

Julia Sáez-Angulo, (escritora y crítico de arte)







...Sus dibujos hablan de sus calidades y de su dominio de la línea. Es un excepcional dibujante. Con el agua logra tonalidades increíblemente matizadas. Es valiente en el empleo del color. Su obra tiene un acento muy personal. Dice mucho sin palabras. Elocuente en su estilo y comedido en sus formas...

María Francisca Olmeda, (crítico de arte).“Valencia Fruits"







...Junto al fuerte matiz del color, el artista pone la suavidad de sus propios sentimientos. ello también se transmite en la pureza de la línea de los esquemáticos dibujos sutiles desnudos femeninos- que completan la muestra....

Manuel Lorente, (crítico de arte) A. B. C. Se







...Juan Jiménez es un pintor ágil. Con especial habilidad para un cromatismo efusivo y que es un magnífico dibujante, como lo acreditan las sobrias y preciosas figuras femeninas en las que el autor luce elegante firmeza y expresiva economía de medios...

Eduardo López Chavarri, (crítico de arte)







Juan Jiménez es espléndido dibujante. Con pasmosa sobriedad diseña la figura y crea un arquetipo formal. No es el número pitagórico sino la idea platónica la que inspira unos rasgos que se volatilizan por qué sienten nostalgias de formulación uránica. Sin embargo la leve silueta define el ser con mas eficacia que el trazo acabado y detallado porque la idea se degrada en la materia. Utiliza una sólida y rica paleta de colores definidos con pulcritud y limpieza. Muestra temperamento vigoroso y segura técnica del gouache.

Francisco José León Tello, (crítico de arte). Revista Goya





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